Los principios de fisiología del ejercicio y nutrición deportiva detrás de cada recomendación de avituallamiento.
RATIO no es un modelo clínico: cada cifra del planificador se apoya en principios establecidos de fisiología del ejercicio y nutrición deportiva — heurísticos y documentados, no calibrados con un test de laboratorio individual.
El coste metabólico de pedalear es directamente proporcional al trabajo mecánico realizado. Con una eficiencia de conversión (gross efficiency) del ciclista situada habitualmente entre el 20 y el 25%, el gasto calórico total puede aproximarse a partir de la potencia media sostenida:
De ese gasto total, la proporción que se cubre con carbohidratos frente a grasas depende de la intensidad relativa (%FTP). A ritmos suaves, el organismo prioriza la oxidación de ácidos grasos; a medida que la intensidad sube hacia el umbral, la demanda de ATP se acelera más deprisa de lo que la vía oxidativa de grasas puede responder:
Dinámica de glucógeno y retardo gástrico. La reserva de glucógeno no varía de forma instantánea al ingerir un alimento: existe un retardo fisiológico por vaciado gástrico y transporte intestinal donde el pico de absorción plasmática ocurre aproximadamente a los 25 minutos post-ingesta:
Fenotipo metabólico (VLaMax). La tasa máxima de producción de lactato (VLaMax) modifica el gasto de glucógeno por debajo del 80% FTP:
Ajuste por entorno indoor (Rodillo). En ruta exterior, entre un 15% y un 20% del tiempo transcurre a 0 W (descensos, curvas, semáforos o ir a rueda). En rodillo, al mantenerse una resistencia constante (efecto ERG o inercia fija), el pedaleo es 100% continuo. Para reflejar este gasto ininterrumpido sin micro-descansos, el motor aplica un multiplicador de 1.12× sobre el consumo de glucógeno por hora.
Cf. Jeukendrup & Wallis (2005) sobre oxidación de sustrato; Coyle et al. (1991) sobre depleción de glucógeno y cinética de absorción gástrica.
El epitelio intestinal cuenta con transportadores especializados con capacidad limitada:
1. Modo Estándar (SGLT1 saturado a 60 g/h). Utiliza exclusivamente el transportador acoplado a sodio SGLT1 (glucosa/maltodextrina). Superar los 60 g/h sin fructosa provoca acumulación de solutos en la luz intestinal, tracción osmótica de agua y malestar gástrico.
2. Modo Avanzado (Co-transporte SGLT1 + GLUT5 hasta 90-120 g/h). Al reclutar la vía pasiva GLUT5 mediante fructosa en ratios duales (2:1 a 1:0.8), se evita la saturación de SGLT1 y se eleva el techo de absorción hasta 90-120 g/h en atletas con Gut Training — pero no cualquier proporción de fructosa activa esa vía lo suficiente: el techo real que desbloquea cada ratio depende de qué fracción de la mezcla es fructosa, no solo de que "lleve algo".
Validación del ratio de fructosa (techo de 120 g/h). Un ratio 2:1 (maltodextrina:fructosa) solo aporta un 33.3% de fructosa sobre el total de carbohidrato — insuficiente para saturar GLUT5 lo bastante como para sostener 120 g/h, así que este ratio queda capado a 90 g/h independientemente de si el atleta tiene Gut Training activado. Un ratio 1:0.8 aporta un 44.4% de fructosa, por encima del umbral del 35% que sí activa suficientemente la vía — solo esa combinación (Gut Training activo y ratio ≥35% fructosa) desbloquea el techo de 120 g/h.
Cf. Jeukendrup (2010) sobre carbohidratos múltiples transportables; Jentjens & Jeukendrup (2005) sobre co-transporte glucosa:fructosa.
El impacto térmico condiciona tanto el volumen hídrico como la concentración de sales:
1. Mix estándar vs mix calor:
2. Aceleración del trago hídrico. En condiciones de calor (≥25°C), la frecuencia recomendada de trago se acelera hasta los 12 minutos por dosis para mantener un flujo hídrico continuo y evitar la deshidratación aguda sin sobrecargar el estómago.
3. Estrés térmico indoor por falta de convección. En interiores, la falta de flujo de aire relativo a alta velocidad (30-40 km/h) reduce drásticamente la refrigeración convectiva, elevando la temperatura central de la piel. Esto dispara la tasa de sudoración estimada en un +18% respecto a la misma intensidad en carretera.
4. Techo fisiológico de vaciado gástrico (1000 ml/h). El estómago humano tiene una capacidad máxima de vaciado gástrico de aproximadamente 900-1000 ml/h durante el ejercicio. Intentar ingerir volúmenes superiores —incluso en condiciones de sudoración extrema— provoca encharcamiento gástrico y vómitos. RATIO capa la pauta activa de ingesta en ruta a un máximo estricto de 1000 ml/h y deriva el déficit restante a la estrategia de rehidratación post-salida.
Cf. Sawka et al. (2007), ACSM Position Stand sobre reposición hídrica en calor; Baker (2017) sobre variabilidad en sodio.
El planificador táctico aplica reglas de oportunidad metabólica según el trazado GPX:
1. Anticipación Pre-Puerto. Las tomas de carbohidratos de rápida absorción se programan 10 a 15 minutos antes del inicio de ascensos significativos (>4% de pendiente). Si la transición entre dos puertos consecutivos es inferior a 5 minutos, la toma se unifica previamente al primer puerto.
2. Bloqueo en Bajadas (Descensos <-3%). Se inhibe la alerta de ingesta de alimentos sólidos en tramos con pendientes descendentemente pronunciadas (<-3%) por motivos de seguridad técnica y por la reducción del riego sanguíneo esplácnico durante maniobras de alta velocidad.
Cf. Pfeiffer et al. (2012) sobre nutrición en competición y factores de seguridad táctica en ruta.
La concentración de sodio en el sudor varía enormemente entre individuos — mucho más que el volumen de sudor en sí — y es en gran parte genética, no entrenable. Un "sudador salado" (reconocible por cercos blancos de sal cristalizada en el maillot o escozor en los ojos durante el esfuerzo) puede perder sodio a una concentración muy superior a la media, y reponerlo con una bebida isotónica genérica calculada para un sudador típico deja un déficit acumulativo real en salidas largas.
Infra-dosificar sodio en un sudador salado real, especialmente en salidas largas y calurosas con alto volumen de agua ingerida, es uno de los factores de riesgo conocidos de hiponatremia dilucional inducida por el ejercicio — una condición poco frecuente pero potencialmente grave, en la que el sodio plasmático se diluye por debajo de niveles seguros.
Límite de tolerancia osmótica en bidón. Concentraciones de sodio superiores a 1100 mg Na+/L (>2.2g de E-volytes por bidón de 550ml) invierten el gradiente osmótico en la luz intestinal, atrayendo agua desde el plasma hacia el intestino. Para evitar episodios de malestar gastrointestinal y diarrea osmótica, el planificador alerta si la densidad de sales por bidón supera este umbral de seguridad.
Cf. Baker (2017) sobre variabilidad individual en la concentración de sodio en sudor; Hew-Butler et al. (2015), consenso internacional sobre hiponatremia asociada al ejercicio.
Una bebida de bidón no puede concentrarse indefinidamente para ahorrar volumen: por encima de cierta concentración de carbohidrato, la solución se vuelve hipertónica respecto al plasma sanguíneo, lo que ralentiza el vaciado gástrico y puede arrastrar agua hacia la luz intestinal por ósmosis en lugar de facilitar su absorción — exactamente el efecto contrario al buscado en una bebida de rendimiento.
La dosis base de referencia — 24g de maltodextrina + 20g de fructosa + 1.0g de sal común, disueltos en 550ml de agua — se sitúa deliberadamente en torno al 8% de concentración de carbohidrato, cómodamente por debajo del umbral de malestar gástrico y del límite físico de solubilidad, y se escala de forma proporcional al tamaño real del bidón del ciclista.
El ratio de la mezcla escala con la tasa objetivo, no es un valor fijo. Por debajo de 45 g/h el transportador SGLT1 (acoplado a sodio) ni siquiera está saturado, así que añadir fructosa no aporta absorción extra — pura maltodextrina es suficiente. Entre 45 y 75 g/h, un ratio 2:1 (maltodextrina:fructosa) empieza a reclutar el transportador GLUT5 (independiente de sodio) para levantar ese techo sin saturar el intestino de fructosa. Por encima de 75 g/h — donde SGLT1 en solitario ya está genuinamente saturado — el ratio se desplaza a 1:0.8, el reparto que la investigación sobre co-transporte dual sitúa como óptimo para tasas de absorción combinadas cercanas al máximo.
| Tasa objetivo | Ratio Malto:Fructosa | Mecanismo |
|---|---|---|
| < 45 g/h | 100% Maltodextrina | SGLT1 aún no saturado |
| 45 – 75 g/h | 2:1 (Estándar) | Recluta GLUT5 sin saturar de fructosa |
| > 75 g/h | 1:0.8 (Alta carga) | Co-transporte dual SGLT1+GLUT5 al máximo |
Sincronización de la cafeína. La cafeína alcanza su pico de concentración plasmática entre 30 y 60 minutos después de la ingesta oral, con un efecto ergogénico bien documentado sobre la percepción del esfuerzo y el reclutamiento neuromuscular en la última fase de un esfuerzo prolongado. Anclar la toma unos 45 minutos antes del tramo más exigente de la ruta — un puerto tardío, o el tramo final si el trazado es llano — maximiza la concentración plasmática justo cuando más se necesita, en lugar de desperdiciar el pico en un momento de la ruta sin demanda especial.
Cf. Jeukendrup (2004) sobre el modelo de dosificación de carbohidratos en bebidas deportivas; Cook & Beaven (2013) sobre timing de cafeína y rendimiento en resistencia.
La resíntesis de glucógeno muscular no ocurre a un ritmo constante durante toda la ventana de recuperación. Los primeros 30-45 minutos tras el esfuerzo son una franja fisiológicamente especial: la captación de glucosa por el músculo ocurre en gran parte por translocación de transportadores GLUT-4 inducida directamente por la contracción muscular, un mecanismo independiente de la insulina y mucho más eficiente que en reposo. Aprovechar esa ventana con una fuente de carbohidrato líquida de absorción rápida acelera el inicio de la resíntesis antes de que ese mecanismo se atenúe.
La sobrehidratación deliberada (por encima del volumen exacto perdido) compensa las pérdidas continuadas por sudoración y micción que persisten incluso después de parar de pedalear — reponer solo el volumen exacto perdido durante el esfuerzo, sin ese margen, deja al ciclista en un déficit hídrico neto varias horas después de terminar.
La proteína y el límite de grasa en la ventana de recuperación, por su parte, no dependen de cuánto se haya comido ya en ruta: responden a la reparación del tejido muscular y a mantener un vaciado gástrico ágil, no a reponer un déficit calórico medido.
Cf. Ivy & Kuo (1998) sobre el papel de GLUT-4 en la resíntesis post-ejercicio; Beelen et al. (2010) sobre estrategias de recuperación nutricional en ciclismo; Shirreffs & Sawka (2011) sobre rehidratación post-ejercicio.
Esta sección documenta un refinamiento en desarrollo del modelo energético de la sección 01· — todavía en fase de validación, no reflejado aún en las cifras que calcula el planificador hoy — que separa explícitamente el ahorro aerodinámico según el terreno y la posición en el pelotón, y modela cómo la eficiencia mecánica del ciclista se degrada durante esfuerzos muy largos.
1. Ahorro aerodinámico por terreno y posición. Ir a rueda ahorra energía sustancialmente más en llano — donde la resistencia aerodinámica domina el coste total a alta velocidad — que en subida, donde el peso corporal pesa más que el arrastre y el ahorro residual es mucho menor.
2. Degradación de la eficiencia bruta mecánica tras la 3ª hora. La eficiencia de conversión de energía química en trabajo mecánico (~22% de referencia, ver sección 01·) no se mantiene constante en esfuerzos largos: la fatiga muscular y el reclutamiento progresivo de fibras menos eficientes la reducen a un ritmo de −1.5% por hora extra transcurrida la tercera hora, con un suelo del 18%.
Cf. Hausswirth et al. (1999) sobre coste energético de ir a rueda; Cejuela & Esteve-Lanao (2011/2020) sobre cuantificación de carga de entrenamiento en resistencia.
Un segundo refinamiento en desarrollo, también sin reflejarse aún en el planificador activo, extiende la corrección térmica de la sección 03· a la propia tasa de oxidación de carbohidratos (no solo a la pérdida hídrica) y añade una corrección independiente por altitud:
Anticipación pre-puerto, versión revisada. La sección 04· ya documenta la anticipación de 10-15 minutos antes de un ascenso >4% como medida de seguridad digestiva. Este refinamiento propone un criterio más estricto y conservador — ascensos sostenidos de al menos 10 minutos y ≥5% de pendiente media, con la toma anclada exactamente 10 minutos antes de su inicio — actualmente en comparación frente a la regla vigente, no como sustituto confirmado todavía.
Fuera de esas ventanas de anticipación, la ingesta se reparte en tomas regulares cada 20-30 minutos, dimensionadas para no superar el techo de absorción digestiva individual descrito en la sección 02· (60, 90 o 120 g/h según el nivel de entrenamiento intestinal).
Cf. Jeukendrup (2014) sobre nutrición deportiva personalizada; Jeukendrup & Wallis (2005) sobre oxidación de sustrato; Sawka et al. (2007), ACSM Position Stand sobre reposición hídrica en calor.
La sección 01· ya aplica un ajuste por fenotipo metabólico (Diésel/Equilibrado/Explosivo) al gasto de glucógeno. Este refinamiento en desarrollo revisa esos multiplicadores de forma independiente, con la predisposición glucolítica (VLaMax) del ciclista como variable de entrada explícita:
El multiplicador Diésel difiere ligeramente del ×0.85 ya usado en el cálculo activo (sección 01·) — ambas cifras están actualmente en comparación, no hay todavía un valor confirmado como definitivo entre las dos.
Cf. Jeukendrup & Wallis (2005) sobre oxidación de sustrato por fenotipo.
La sección 06· ya limita la receta casera a ~8% de concentración de carbohidrato por peso, un margen de seguridad práctico. Pero la concentración por peso no es lo que el intestino realmente detecta — lo que determina si una solución es hipertónica es su osmolaridad real, en miliosmoles por litro (mOsm/L), que depende de cuántas partículas osmóticamente activas hay disueltas, no de cuántos gramos de polvo hay en total. Un polímero grande (maltodextrina) se comporta como muchas menos partículas por gramo que un azúcar simple (fructosa/glucosa) del mismo peso, así que ambos deben pesar de forma distinta en el cálculo:
El coeficiente de la maltodextrina (2.0) refleja que es un polímero de cadena larga — cada molécula se disocia en relativamente pocas partículas osmóticamente activas. El de los monosacáridos libres (5.5, no el 10 que un cálculo ingenuo por peso molecular podría sugerir) evita sobreestimar su impacto osmótico real y generar falsos positivos de "bebida hipertónica" en una mezcla que en la práctica se tolera bien. El sodio (0.08) cuenta tanto el catión Na+ como su anión de contrapeso (habitualmente cloruro), ya que ambos son osmóticamente activos en la disolución.
Alerta independiente de densidad de sodio. Una mezcla puede estar dentro del umbral de osmolaridad total y aun así llevar demasiado sodio disuelto por sí solo — un bidón con más de ~850mg de Na+ en 550ml (una densidad superior a ~1500mg Na+/L) dispara su propia alerta independiente, ya que el sodio en exceso invierte el gradiente osmótico intestinal por su cuenta, sin necesitar que el carbohidrato también esté fuera de rango.
Cf. Jeukendrup (2004) sobre el modelo de dosificación de carbohidratos en bebidas deportivas.
La sección 06· ya recomienda anclar la toma de cafeína ~45 minutos antes del tramo más exigente de la ruta. Este refinamiento formaliza esa regla con una dosis calculada por peso corporal y un criterio explícito para localizar automáticamente ese "punto crítico": el puerto más duro detectado (mayor pendiente media sostenida), o — si la ruta no tiene ningún ascenso significativo — el inicio de la última hora en salidas de más de 3 horas.
Cf. Cook & Beaven (2013) sobre timing de cafeína y rendimiento en resistencia.
La sección 02· ya distingue el transportador SGLT1 (saturable a 60 g/h) de la vía GLUT5 (fructosa) que eleva ese techo. Este refinamiento añade dos piezas: cuándo debe producirse la primera toma, y cómo debe escalar el ratio glucosa:fructosa con el nivel de entrenamiento intestinal del atleta.
Reposición hepática temprana. El hígado, no el músculo, es quien sufre el mayor vaciado de glucógeno tras el ayuno nocturno — reponerlo pronto evita arrancar la ruta ya en déficit. La primera toma de la ruta se programa a los 20-30 minutos de iniciarla, y debe incluir fructosa (no solo glucosa) para activar la vía GLUT5 desde el principio, en vez de depender únicamente del transportador SGLT1.
El nivel de 120 g/h no es simplemente "un ratio más" en la tabla — es el único que exige, además de tener Gut Training activo, que la mezcla realmente configurada supere el umbral del 35% de fructosa (ver la validación matemática completa en la sección 02·). Un atleta con Gut Training activo que siga usando un ratio 2:1 (33.3% fructosa) permanece capado a 90 g/h — el nivel de entrenamiento por sí solo no basta si la mezcla no acompaña.
Cf. Jentjens & Jeukendrup (2005) sobre co-transporte glucosa:fructosa.
La tasa de sudoración base ya no se trata como un valor fijo por nivel (bajo/medio/alto) ni como un escalón discreto por franja de temperatura — es una función continua de la temperatura seca, con una corrección independiente por humedad relativa alta:
A 20°C — el punto medio del tramo lineal, un día de referencia templado — esta función devuelve exactamente 0.9 L/h, la base sobre la que se normaliza el factor climático de la precarga pre-salida (ver sección 21·).
Factor de intensidad dinámico. Sobre esa tasa ambiental, el ritmo real del atleta (solo, a rueda, o tirando en cabeza de grupo) escala la sudoración hacia arriba o abajo de forma independiente de las condiciones meteorológicas:
Cf. Sawka et al. (2007), ACSM Position Stand sobre reposición hídrica en calor.
La sección 07· ya detalla la recuperación bifásica (Fase 1 líquida inmediata / Fase 2 sólida) con un objetivo de rehidratación del 150% del déficit estimado. Este refinamiento complementa esa vista con una recomendación consolidada de ventana única, pensada como resumen rápido más que como sustituto del desglose por fases:
La cifra de proteína (~0.3 g/kg) está ligeramente por debajo de los ~0.35 g/kg ya usados en la sección 07· — ambas siguen en comparación, dentro del mismo rango razonable citado en la literatura.
Cf. Ivy & Kuo (1998) sobre el papel de GLUT-4 en la resíntesis post-ejercicio; Beelen et al. (2010) sobre estrategias de recuperación nutricional en ciclismo.
La sección 08· ya separa el ahorro por ir a rueda según el terreno (llano vs. subida), pero con un escalón fijo en llano — el mismo ahorro (×0.70) tanto a 18 km/h como a 40 km/h. La resistencia aerodinámica escala con el cuadrado de la velocidad, así que el ahorro real por esconderse del viento crece con la velocidad, no es una constante. Este refinamiento sustituye ese escalón por una función continua: el ahorro escala linealmente con la velocidad estimada del tramo, acotada entre 15 y 40 km/h, hasta un máximo del 35% a 40 km/h.
Cf. Hausswirth et al. (1999) sobre coste energético de ir a rueda.
Las secciones 03·/05·/14· ya cubren el volumen y la concentración de sodio de la hidratación en ruta, con una reposición fija del 75% de lo sudado. Ese porcentaje plano no distingue una salida de 45 minutos de una de 6 horas: en una salida corta, ni siquiera hace falta perseguir el 75% — perder menos del 2% de la masa corporal en agua no degrada el rendimiento de forma medible. Este refinamiento sustituye el 75% fijo por un objetivo explícito de déficit final para el total de la ruta.
Deliberadamente no es una reposición 1:1 — llevar suficiente líquido para no perder nunca ni un gramo de masa corporal en agua sería tanto innecesario como incómodo de transportar en bidones; el objetivo es mantenerse dentro del margen que la literatura asocia con un rendimiento neuromuscular y termorregulador sin degradar.
Cf. Sawka et al. (2007), ACSM Position Stand sobre reposición hídrica en calor.
La sección 12· ya calcula una dosis inicial de cafeína (2.0 mg/kg, anclada 45 minutos antes del punto crítico de la ruta) — adecuada para una salida de duración moderada, pero insuficiente en una salida realmente larga: la vida media de eliminación sérica de la cafeína ronda las 4-6 horas, así que en una salida de más de 4.5 horas la dosis inicial ya se ha metabolizado en gran parte para cuando el atleta lleva varias horas en ruta. Este refinamiento añade re-dosis de mantenimiento periódicas para sostener el efecto ergogénico durante todo el esfuerzo, a una fracción de la dosis inicial para evitar acumulación excesiva.
Cada evento de cafeína (inicial o de mantenimiento) puede además sugerir un producto concreto de la despensa del atleta cuya cafeína por unidad más se acerque a la dosis objetivo sin superarla — nunca redondeando hacia arriba, ya que la cafeína tiene un techo de tolerancia individual y de efectos adversos (taquicardia, ansiedad) real.
Cf. Cook & Beaven (2013) sobre timing de cafeína y rendimiento en resistencia.
El bicarbonato sódico actúa como tampón extracelular, retrasando la acidosis metabólica en esfuerzos de alta intensidad — relevante sobre todo para el tramo más exigente de la ruta (umbral, puertos duros), no para el ritmo de fondo de una salida larga. Este refinamiento ofrece dos protocolos genuinamente distintos, no la misma dosis repartida de otra forma, pensados como una elección explícita del atleta según su propia tolerancia digestiva — la carga aguda es más simple pero conlleva un riesgo real de molestia gastrointestinal; la carga crónica lo evita casi por completo a cambio de exigir planificación con antelación.
La opción "Estómago sensible" de este protocolo es siempre la carga crónica — exige planificarla con varios días de antelación, pero elimina casi por completo el riesgo de que una molestia digestiva inducida por el propio suplemento arruine una salida importante.
Cf. Grgic et al. (2021) sobre suplementación con bicarbonato sódico y rendimiento.
La sección 07· ya detalla la recuperación bifásica con un único objetivo de carbohidrato (~1.2 g/kg). Este refinamiento — el primero de esta serie ya reflejado en el planificador activo (Card 05, "Recuperación post-ruta") — ofrece un segundo perfil alternativo en vez de una sola cifra: menos carbohidrato junto con más proteína no solo repone menos glucógeno de golpe, también estimula la síntesis de glucógeno por una vía complementaria (la respuesta insulínica a la proteína, no solo al carbohidrato) y es más suave para un estómago sensible justo después del esfuerzo, cuando el vaciado gástrico ya está ralentizado por la propia fatiga.
Cf. Beelen et al. (2010) sobre estrategias de recuperación nutricional en ciclismo.
Para una etapa clave que arranca por la mañana (antes de las 10:00), la carga de carbohidratos empieza el día anterior, no en el propio desayuno — el objetivo es llegar a la línea de salida con las reservas de glucógeno hepático y muscular ya completas, no intentar rellenarlas en las pocas horas previas.
Hidratación y sodio de precarga, ajustados al clima esperado. Las horas previas a la salida no son solo una cuestión de carbohidrato — el volumen de agua y sodio ingeridos antes de rodar también deben escalar con la temperatura y humedad previstas para esa salida en concreto, reutilizando la misma función continua de sudoración de la sección 14·, normalizada contra un día templado de referencia:
En un día más caluroso o húmedo, la tasa de sudoración base sube por encima de 0.9 L/h, y el factor climático — y con él, el agua y el sodio de precarga recomendados — escala proporcionalmente por encima de 1.0; en un día frío, se mantiene en su mínimo.
Cf. Sawka et al. (2007), ACSM Position Stand sobre reposición hídrica en calor; Burke et al. (2011) sobre estrategias de carga de carbohidratos.
La sección 04· ya cubre la anticipación pre-puerto genérica (>4% de pendiente). En un ascenso genuinamente duro (≥8% de pendiente media), el riego sanguíneo esplácnico se desvía con más fuerza hacia el músculo activo, así que la propia posición de la toma dentro del tramo importa tanto como su anticipación — RATIO evalúa tres estrategias en orden de preferencia antes de decidir dónde y qué recomendar:
Rama 1 — Falso llano previo. Si en los 500m inmediatamente anteriores al inicio de la rampa dura la pendiente media ya baja de 4%, la toma se adelanta a ese tramo más cómodo — comer justo antes de que empiece lo duro, no durante.
Rama 2 — Inicio del descenso tras la cima. Si no hay ese falso llano previo, se busca hacia adelante el punto donde empieza un descenso genuinamente sostenido — pendiente ≤0% mantenida durante al menos 300m, no una única lectura puntual que podría ser ruido del propio perfil altimétrico — y la toma se desplaza allí, ya pasada la cima.
Rama 3 — Subida larga sin cima a la vista. Si ninguna de las dos ramas anteriores encuentra un punto natural dentro de los siguientes ~20 minutos de ascenso (a la velocidad media real de la ruta, o una velocidad de subida de referencia si no se conoce), la recomendación cambia de naturaleza por completo: en vez de un sólido o gel, la pauta pasa a "ingesta líquida en sorbos pequeños durante la subida" — un gel diluido en agua o una bebida deportiva, más viable de tolerar en plena rampa dura que un sólido.
Cf. Pfeiffer et al. (2012) sobre nutrición en competición y factores de seguridad táctica en ruta.
Thomas, D.T., Erdman, K.A., Burke, L.M. (2016). Nutrition and Athletic Performance. Position Statement. Medicine & Science in Sports & Exercise, 48(3), 543-568.
Guest, N.S. et al. (2021). ISSN Position Stand: Caffeine and Exercise Performance. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 18(1), 1.
Un artículo de disrupción técnica que desglosa, con citas completas, la cadena determinista de esta página — del vatio al kilojulio, del Crossover Concept al ratio maltodextrina:fructosa — explicada como una sola narrativa en vez de 22 tarjetas de referencia.
Leer el artículoLos umbrales y proporciones citados aquí son heurísticos habituales de la literatura de nutrición deportiva, no un protocolo clínico individualizado — la referencia real para cualquier decisión sobre tu propia fisiología sigue siendo un test de laboratorio (sudor, lactato, VO2 Max) o la orientación de un profesional cualificado.